El calendario autoriza a evaluar. Los criterios, a correr.
La vuelta a la carrera es uno de los momentos que más se deciden por calendario: «a las 12 semanas, a trotar». En la reconstrucción de ligamento cruzado, la mediana para permitir correr son 12 semanas, y menos de uno de cada cinco estudios usa algo más que el tiempo para decidirlo (Rambaud y colaboradores, 2018). El plazo de curación importa, pero solo dice que ya puedes evaluar. Lo que dice si tu paciente puede empezar a correr es lo que demuestra en consulta.
Por qué correr no es un ejercicio más
Al correr, el pico de fuerza vertical va de unas 2 a casi 3 veces el peso corporal según la velocidad, frente a 1 a 1,5 veces al caminar (Nilsson y Thorstensson, 1989). Y no es un impacto: son cientos por minuto, siempre sobre una pierna.
Correr es, en el fondo, una pliometría extensiva de larga duración. Por eso los criterios para empezar no son los de caminar con un poco más de prisa, sino los de alguien que tolera impactos repetidos.
Cuatro criterios que no se compensan
En R3 valoramos cuatro cosas antes del primer trote. Se tienen que cumplir todas: un cuádriceps muy fuerte no compensa una rodilla con derrame, y una rodilla sin dolor no compensa una pierna que no sabe aterrizar.
- —Síntomas. Que tolere la exposición de su fase: dolor bajo y estable, sin derrame o con un derrame mínimo, marcha sin cojera y sin una mala respuesta que dure al día siguiente.
- —Movilidad. El rango que pide la carrera para su lesión. En la rodilla, la extensión completa no se negocia; en el tobillo, la que más pesa es la dorsiflexión.
- —Fuerza y capacidad. Que pueda producir fuerza y repetirla con cada pierna, sin una diferencia grande entre las dos.
- —Impacto y salto. Que tolere impactos repetidos de baja intensidad. Si no puede saltar, no debería correr.
La fuerza, sin material
No hace falta un dinamómetro para saber si tiene fuerza para correr. Usamos tres pruebas de repeticiones a tiempo fijo con cada pierna: la sentadilla unilateral al cajón (cuádriceps), el puente a una pierna (isquiosurales) y la elevación de talón (tobillo y pie). Se cuentan solo las de recorrido completo: si la técnica se rompe, ahí termina el test.
De cada prueba miramos dos cosas: cuántas repeticiones hace la pierna afectada y cuánto se diferencia de la sana. La elevación de talón, por ejemplo, es una prueba muy fiable cuando se estandariza, con una diferencia media de menos de una repetición entre un día y otro (Hébert-Losier y colaboradores, 2017).
El impacto: saltar, rebotar y aterrizar
Para el impacto usamos tres saltos: el salto con contramovimiento (CMJ) a dos piernas y a una, el pogo a una pierna y el salto horizontal a una pierna (single hop test). De cada salto se hacen tres intentos y se apunta el mejor.
El pogo es el que más se parece a correr: contactos cortos y seguidos, a un ritmo parecido al de la zancada. Si el ritmo baja demasiado, el paciente deja de rebotar y empieza a saltar, y eso ya no es lo que le va a pedir la carrera.
Mirar solo la simetría tiene trampa: si la pierna sana también ha perdido fuerza, el índice de simetría sale bien aunque las dos estén flojas. Al volver al deporte tras el ligamento cruzado, muchos deportistas siguen siendo asimétricos en los saltos verticales aunque hayan superado las pruebas habituales (Kotsifaki y colaboradores, 2023). Por eso comparamos también el salto a una pierna con el salto a dos. Lo contamos en tests de salto en la vuelta al deporte.
Cada lesión pesa distinto
Las preguntas son las mismas para todas las lesiones; lo que cambia es qué criterio pesa más. En una rodilla operada, el derrame y la extensión. En una fractura por estrés, el dolor del hueso al cargar y, antes de los impactos, que haya consolidado. En los isquiosurales, la fuerza, sobre todo a alta velocidad. En el tobillo, la dorsiflexión y el control a una pierna.
Y en todas, lo que causó la lesión. Sobre todo en las fracturas por estrés: si no se corrige el volumen de carrera, el calzado o la falta de energía, la lesión vuelve (Warden y colaboradores, 2021).
Empezar a correr no es volver a correr
Cumplir los cuatro criterios permite el primer trote, no el alta. La carrera se dosifica: casi todos los programas empiezan con intervalos de caminar y correr, suben primero el volumen y después la velocidad (George y colaboradores, 2024), y la carga adecuada es la que no da síntomas durante, después ni al día siguiente (Warden y colaboradores, 2021).
Antes y después de correr están los saltos. Si tu paciente todavía no tolera los impactos, la progresión de saltos te dice qué salto toca ahora. Y si quieres los criterios que recoge la evidencia para cada lesión, los repasamos en criterios para volver a correr tras una lesión.
Lo que todavía no sabemos
Los programas de vuelta a la carrera están mal descritos: en una revisión de 64 estudios tras el ligamento cruzado, ninguno detallaba los diez elementos básicos del programa (Van Cant y colaboradores, 2022). Y en la vuelta al deporte, quienes superaban todos los criterios se volvieron a lesionar menos, aunque en una cohorte de 106 pacientes en la que la diferencia no llegó a ser estadísticamente significativa (Grindem y colaboradores, 2016).
Los umbrales de la herramienta son referencias operativas del Método R3, no cortes validados. Son una guía para decidir con criterio, no un protocolo, y no sustituyen tu valoración.